¿¡Un blog a estas alturas!?

Corría diciembre de 2007 cuando creé este blog. Hoy, casi cinco años después, al fin me animo a llenarlo con palabras. Hasta hace poco podría tener cabida el debate sobre si cinco años son mucho o poco. En estos días de reinado de la inmediatez, de la efímera Modernidad tardía, de sucesión vertiginosa de los hechos, cinco años resultan insoportablemente eternos. El lustro hace tiempo que desapareció de la primera fila de las unidades de medida de nuestro tiempo.

Las primeras reacciones no se han hecho esperar

Entre medias han pasado muchas cosas. Imposible enumerarlas, ni siquiera restringiendo la muestra a aquellas que me interesan o afectan directamente. Sin embargo, hay una que me preocupa en particular y que está detrás de este arranque bloguero tardío: la pérdida de relato colectivo, de capacidad de análisis detenido, de creación sostenida. Las redes sociales son a la vez causa y efecto de un consumo voraz de información tan instantánea como volátil. Los mensajes en Twitter se suceden a velocidad de vértigo, como micro-cápsulas de usar y tirar. Un vídeo es desechado si dura más de 3 minutos. En Facebook y similares más de un párrafo es un abuso condenado al olvido, a cambiar de canal antes de tiempo.

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¡Hola, mundo! Y hasta dentro de cinco años…

Guardo esta entrada como muestra del cautiverio embrionario en el que estuvo este blog durante cinco años. Me remito a la fecha de “publicación”, que es la de creación del engendro, si bien desde entonces hasta la publicación de la primera entrada real ha pasado un lustro de gestación y durante todo este tiempo la aséptica plantilla inicial de WordPress ocupó el lugar que ahora colonizan estas líneas. Superada la crionización post-parto, ya no hay excusas. ¡Empezamos!