Brotes verdes-olivo, casi negros

Aún con resaca del cotillón, arrancamos el nuevo año con unos datos de afiliación a la Seguridad Social que anunciaban “el mejor diciembre desde 2001”. Han pasado unos días y ya han sido muchas las voces críticas que han denunciado la estacionalidad y precariedad de una contratación de temporada. Las ventas navideñas y la campaña de recogida de la aceituna explicaban un dato tan positivo como efímero. Costaría si no explicar cómo es posible que Jaén, la provincia con la tasa de paro y temporalidad más alta de España, y los salarios y renta per cápita más bajas, concentrase el 57% de las nuevas altas laborales de todo el país. Los últimos serán los primeros, quisieron pensar algunos ingenuos.

Pero resulta tanto o más sorprendente que sigamos enfrascados en peleas de cifras desde un enfoque tan sumamente cuantitativo y cortoplacista. Y no me refiero a que, por ejemplo, 2013 se haya cerrado con menos afiliados que 2012 a pesar de este “diciembre histórico”. Hay que mirar un poco más allá y, sobre todo, por debajo y por detrás. No tardaremos mucho en ver caer las cifras de paro. No hasta el pleno empleo, evidentemente, pero sí muy por debajo de los niveles actuales. Entonces, ¿qué argumentos utilizarán quienes hoy se agarran a las malas cifras para criticar la pésima gestión económica del Gobierno actual? Los datos terminarán dando la razón a quienes quieren ver brotes verdes hasta en el desierto.

Pero donde hace 5 años pagaban 1.000, mañana pagarán 500. Y vayámonos incluyendo en la nueva edición del Diccionario del Castellano Antiguo palabros como paga extra, trienios, trabajo para toda la vida o, incluso, contrato. Si seguimos mirando las cifras de paro mes a mes, trimestre a trimestre, nos perderemos el cuadro completo: la estrategia de tierra quemada que lenta pero implacablemente está aprovechando estos años de recesión económica para arrasar el bosque viejo de conquistas sociales y plantar brotes verdes de los que crecerá forraje para seguir alimentando a las bestias insaciables.

Porque claro que las estadísticas de empleo anuncian un cambio de tendencia, pero no el del regreso triunfal a un pasado nostálgico del pelotazo (que también era el del mileurismo juvenil, los contratos de prácticas ad infinitum y la tasa de temporalidad más alta de Europa, ojo cuidao). Anuncian un cambio progresivo de modelo. Un cambio cualitativo y a medio plazo. El desmantelamiento ordenado de un sistema de protección social, que era imperfecto, insuficiente e infradesarrollado, cierto, pero que nos parecerá utópico dentro de unos años. Anuncia, al fin y al cabo, la transmutación del proletariado en precariado: la fragilización creciente de las condiciones de existencia de la clase trabajadora (quienes nos ganamos la vida currando, punto), la voladura controlada de los escasos sistemas de protección del mundo asalariado conquistados con años de lucha. Se acerca el tiempo de los “emprendedores”, de los empleados sin contrato ni derechos, de las condiciones laborales draconianas como mal menor ante la amenaza ubicua del abismo.

Los temporeros del futuro no se limitarán a recoger aceitunas, fresas o uvas. También diseñarán páginas webs, repartirán pizzas, atenderán el teléfono y conducirán ambulancias. Ya lo hacen. Cada vez seremos más. Serán y son (somos) falsos autónomos cuyos míseros sueldos no les permitirán cotizar mucho ni apenas pagar impuestos, lo que terminará de quebrar las arcas de la Seguridad Social y de ahondar la crisis fiscal. Varios pájaros de un tiro. Resultado: más seguros privados (de pensiones, enfermedad, whatever), menos servicios públicos. La protección social reconvertida en una mercancía más: un asunto privado gestionado a través del mercado. Y más agujeros en los bolsillos.

Durante la larga noche neoliberal soñamos con que los proletarios se convertían en propietarios, pero al despertar se nos había quedado cara de pobretarios, mientras muchos hacían las maletas y muchas volvían al hogar. Que no se nos olvide cuando los de arriba empiecen, más pronto que tarde, a descorchar botellas para celebrar el paro que baja.

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