Siria y la izquierda campista

Vuelven a sonar tambores de guerra en el mundo árabe. Y vuelve también uno de los debates que ha martilleado en el seno de la izquierda durante los últimos años. Si entonces fue Saddam Hussein y luego Gadafi, esta vez vuelve a ocurrir con Al-Assad: ante la amenaza imperialista (sea estadounidense, otaniana o auspiciada por Naciones Unidas, cómo si hubiese legalidad que justificase semejante barbarie), solo cabe cerrar filas con el régimen agredido. Cualquier disidencia con respecto a este esquema se vuelve medias tintas, sospechosa de colaboracionismo con el agresor. La razón es bien sencilla: si no estás con Al-Assad, estás con Estados Unidos, y viceversa. Una manera de funcionar tan propia de la Guerra Fría, en la que solo cabían dos campos, en la que los cálculos eran todos binarios: conmigo o contra mí. Un esquema sencillo, claro, fácilmente comprensible. Los enemigos de mis enemigos son mis amigos. Hasta un niño lo entiende. Las opciones no alineadas con ninguno de los dos bloques en disputa cuestionaban esta simpleza argumentativa y eran rápidamente puestas bajo el foco de la sospecha por uno y otro bando.

Lo mismo ocurre ahora: durante los bombardeos en Libia de hace dos años, quienes gritábamos “ni OTAN ni Gadafi” fuimos tachados de NiNis. Es de suponer que ahora, ante la enésima repetición de la historia en Siria, nos tocará ser NiNiNis cuando gritemos “ni OTAN, ni Al-Assad, ni salafistas”. Nos tacharán de no tener criterio, de indefinición, de hacerle el juego a Estados Unidos, a Israel, a Arabia Saudí, a Al-Qaeda o puede incluso que a todos a la vez (ya puestos…).

Curiosa y cómoda manera de posicionarse: determinar quién eres según contra quién estás, por simple correspondencia antagonista en ese esquema interpretativo de blancos y negros. Pero hay otra manera alternativa de funcionar: tomar partido por una opción y oponerse a todo aquel que actúe contra sus intereses. Somos muchas quienes simplemente estamos con el pueblo en lucha que se organiza de forma autónoma e independientemente de cualquier otro interés que no sea el suyo propio como mayoría social. Quien ataque al pueblo, sean marines, agentes del Gobierno de Al-Assad o yihadistas, serán nuestros enemigos. Simple y llanamente. Nativa o extranjera, cualquier injerencia, cualquier ataque contra el pueblo, es execrable y nos encontrará de frente. Ni tiranos locales ni imperios foráneos.

Pero, estamos de acuerdo, aquí también hay peros que conviene aclarar. A quienes, desde la izquierda, clamamos contra regímenes despóticos como el de Al-Assad, rápidamente se nos pregunta, desde posturas que también se presuponen de izquierdas, si “acaso preferiríamos que Siria se convirtiera en un régimen islamista o en un satélite de Estados Unidos”. Pues no, evidentemente, no: estar “con el pueblo” no es una carta blanca al relativismo posmoderno del todo vale. Laicidad, república, socialismo, soberanía y democracia son líneas rojas irrenunciables. En segundo lugar, solemos encontrar por respuesta a lo anterior afirmaciones del tipo “pero es que el 70% del pueblo sirio está a favor de Al-Assad”. Imaginemos por un momento que el Instituto Nacional de Estadística hubiese realizado en los oscuros años 50 una encuesta sobre el nivel de apoyo al régimen franquista por parte de la población española. Pues eso…

Y sobre el supuesto carácter social e incluso socialista del actual régimen sirio, permitámonos un frívolo paralelismo: en España también tuvimos un gobernante que desarrolló grandes obras públicas (eso sí, prefería los pantanos a los gaseoductos), impulsó un sistema de Seguridad Social y una apuesta por la educación nacional, y enseñó, al menos de cara a la galería, los dientes al Estado sionista de Israel al igual que hicieron entonces Gadafi y ahora Al-Assad. Se llamaba Francisco Franco Bahamonde. Quiero pensar que, si se hubiese planteado la posibilidad de una intervención militar de los países capitalistas contra el régimen franquista, las izquierdas del resto del mundo no habrían cerrado filas con el dictador local haciendo valer sus “políticas sociales” y argumentando aquello del “enemigo de mis enemigos”. Habrían, sin embargo, gritado “Ni OTAN ni Franco”.

Y si entre las filas de la oposición a la dictadura hubiese habido miembros del Opus Dei (cosa bastante improbable, estamos de acuerdo, pero cada cual que aguante a sus salafistas locales y sus manías), nadie hubiese osado desacreditar al resto de luchadores antifascistas, ni mucho menos haberles acusado de ser agentes del Vaticano que buscaban instaurar una teocracia católica en España, por contar con semejantes acompañantes en las aguas revueltas y heterogéneas que siempre son las oposiciones. Habrían, sin embargo, mostrado su apoyo al pueblo en lucha, desde abajo y a la izquierda. Y puede que, por eso mismo, fueran acusados de NiNis por parte de algunas pseudo-izquierdas rancias y binarias que prefieren seguir funcionando con viejos esquemas campistas, con lógicas teológicas donde solo caben el bien y el mal, el blanco y el negro, en compartimentos aislados y puros. Mundos simples donde no hay escalas de grises, ni mucho menos colores.

Parece mentira que a estas alturas tengamos que reivindicar algo tan básico y fundamental como la necesidad de asumir la complejidad del mundo que habitamos, sin dejarnos paralizar por ella, sino precisamente para tomar partido con mejor conocimiento de causa. Tener claro de lado de quiénes estamos y, en función de ello, determinar quiénes fueron, son y siempre serán nuestros enemigos. No al revés.

¡NO A LA GUERRA!

¡NO AL ATAQUE DE LA OTAN!

¡NI OTAN, NI DICTADORES, NI TEOCRACIAS!

¡SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO SIRIO!

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7 pensamientos en “Siria y la izquierda campista

  1. Excelente planteamiento, no podría estar más de acuerdo contigo. Poco más que añadir, espero que alguno se replantee su posición después de leerlo.

  2. El bulo ese de que el 70 % apoya a Assad, y que lo han dicho la OTAN Y la ONU, lo he visto repetido en muchas ocasiones

    Hice una busqueda y la informacion me llevaba de un sitio a otro sin que ninguno apreciesen fuentes y mucho menos estuviesen validadas. Al final encontre la que parecia ser el origen, donde se decia que a alguien del sitio se lo habia dicho una fuente de la ONU, sin más.

    Nos quejamos de la manipùlacion de la informacion que hacen llos medias del sistema y nos encontramos con que eso mismo, corregido y aumentado, lo hacen gente que se supone de izquierda, donde la honestidad tendria que ser una caracteristica connotativa.

    Lo absurdo del caso no es ya convertir a la OTAn en una agencia demoscopica y que la estadistica parta de una muestra sufiente, fiable, y sin sesgo, en un pais en plena guerra civil y con las agencias de la policia politica mirando para otro lado, lo absurdo y aberrante es pretender que alguien prefiera a quien le esta masacrando y humillando durante años.

    No es el primer bulo que me encuentro en el discurso de estos estalibanes. Triste y sinceramente, la miseria moral y la falta de escrupulos de indviduos que se dicen de izquierdas me empieza a dar algo de asquito.

  3. No, no es cierto.

    Vuestro relativismo moral sólo lleva a no tomar partido en una situación real de intento imperialista de destrucción de sociedades y conquista de sus recursos naturales. Yo no me planteo, en estas circunstancias, quiénes son los gobernantes de la sociedad a abatir, que es el sujeto de derecho a quien pretendemos preservar, y además ya conocemos su resultado: ahí están Irak o Libia, que nos demuestran lo equivocado, la complicidad, de estos sectores que, puristas ellos, dicen no identificarse con nadie, ni con unos, ni con otros.

    Pero independientemente de que esto fuera una postura sincera, vemos el resultado final de esta política de “neutralidad”: sangre irakí, sangre libia y, ahora, sangre siria.
    No. El imperialismo no derroca dictadores, derroca pueblos y naciones.

    Vuestro discurso, sólo desmoviliza, sólo favorece las tesis imperialistas.
    No, no es ésta la izquierda anticapitalista que necesitamos.

    • No será cierto para ti. Te invito a releer el artículo, donde se huye de cualquier tentación relativista. No tomar partido por el falso binomio OTAN vs Al Assad, Imperio vs Dictador local, no es no identificarse con nadie: es ver más allá de los enfoques teológicos blanco-negro; es apostar por el pueblo en lucha (con unas líneas rojas bien delimitadas), por su independencia de clase; es defender lo obvio frente a lo simple.

      Neutral es quien no se posiciona. Nosotrxs nos posicionamos con los pueblos en lucha contra tiranos, sean locales o extranjeros. Siempre lo hemos hecho, siempre lo haremos. Sinceramente, no sé qué parte del “No a la guerra. No a la intervención imperialista” no has entendido.

      Nuestro discurso busca movilizar contra el falso dilema que nos plantean los medios de comunicación de masas, y del que algunos no queréis escapar porque os sentís bastante cómodos en su simpleza (eso sí que favorece las tesis imperialistas, por cierto). Nos movilizamos contra unas prácticas y principios, y a favor de otras, independientemente de quienes las personalicen. En Siria, estamos contra imperios, salafistas y dictadores, y con el pueblo y la (por desgracia cada vez más debilitada y reducida) izquierda en lucha.

      Ya nos contarás qué haces tú para movilizar al mundo mundial, para apoyar a los que consideras de tu bando, para construir esa izquierda anticapitalista que dices necesitar. Por favor, ilumínanos.

      • Al capitalismo y sus fuerzas militares no le importa que la “izquierda” se posicione contra la OTAN o la CIA o el FMI o similares (que son lo mismo).
        No oculta su financiación o su apoyo militar a cualquiera que entienda que favorece sus pretensiones, demócrata o no.
        Le da igual que esto sea conocido y lo da por sabido.

        Donde verdaderamente saca el rédito es en el posicionamiento de sectores populares de “izquierda, ecologistas o pacifistas” que arremeten contra toda aquella idea, persona u organización, que no se pliega a sus pretensiones imperiales (llámalas colonialistas si te parece más fácil).

        Me gusta poner siempre el ejemplo de Salvador Allende, que en su día también fue llamado dictador, aunque si haces memoria recordarás gran número de líderes que fueron adjetivados de igual manera. Y siempre los Gobiernos y los medios de comunicación dominados por élites económicas interesadas, aportaban “sus datos” para convencer a una opinión seguramente menos crédula de la que tenemos hoy día.

        Dices que “nuestro discurso busca movilizar contra el falso dilema”. Pero el resultado de ese discurso está a la vista: intervención militar y derrota de los supuestos dictadores, que al final se torna en derrota del pueblo.
        Pregúntales a los afganos si la guerrilla talibán, apoyada por Reagan, que acabó con su Gobierno socialista en 1989 les trajo mejoras.
        Pregúntales a los irakíes, si el bloqueo y las invasiones de coaliciones internacionales les trajo paz y democracia.
        Pregúntales a los libios, si la zona de exclusión y los bombardeos de la humanitaria Europa, les han traído bienestar y libertad.

        Pregúntales a los sirios, si desean ser “intervenidos” para entregar un país laico a yihadistas alucinados. Y a intereses económicos extranjeros.

        No te lies. No me vendas guerras humanitarias envueltas en papel de celofán.
        Cuando la supuesta neutralidad favorece la miseria y la muerte de un pueblo, no puede haber medias tintas.
        Y la vuestra garantiza el resultado más nefasto para Siria.

        Ya nos contarás, que hacéis por Irak, por Libia, por Afganistán, después de ser retornados a la Edad Media por injerencia “humanitaria”.
        Ya me dirás cuás es tu solución, “neutral”, para Siria.

        (Caer en alusiones personales, sólo significa que faltan argumentos).

  4. Pingback: Izquierda Unida, Syria and the Death of European Internationalism – Hummus For Thought

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