¡CIS en toda la boca!

Vale, lo sabemos: las encuestas no son una ciencia exacta, ni siquiera las más oficiales y rigurosas. Sin embargo, a menudo indican tendencias, nos dan pistas, muchas de ellas agazapadas tras los principales titulares. El barómetro de abril recientemente publicado por el CIS ha sido foco de interés (mediático) básicamente por dos cuestiones: el suspenso ciudadano a la Monarquía y los cambios en la estimación de voto a las principales fuerzas políticas (para frikies interesados en la alta cocina estadística, dejo al final del post una anotación sobre esto último). Hay sin embargo otros aspectos que han pasado bastante más desapercibidos.

Todavía nos queda la segunda parte. ¡Hay partido!

Todavía nos queda la segunda parte. ¡Hay partido!

El barómetro del CIS nos dice también que las cuatro instituciones en las que la ciudadanía tiene menos confianza son:

–         los partidos políticos (obtienen una nota de 1,83 sobre 10)

–         el Gobierno (2,42)

–         los sindicatos (2,45)

–         y el Parlamento (2,53)

Mientras que en el extremo opuesto, las instituciones mejor valoradas y, de hecho, las únicas que aprueban, son:

–         las Fuerzas Armadas (el Ejército de toda la vida, con un 5,21 de nota)

–         la Policía (5,65)

–         y la Guardia Civil (5,71)

Podemos agarrarnos si queremos al descrédito de los partidos del régimen que aplican los dictados de la Troika, al pactismo claudicante de los sindicatos mayoritarios, a unos poderes ejecutivo y legislativo vaciados de toda soberanía y democráticamente imperfectos, para explicar esta impugnación general a las instituciones democráticas y a las formas de agregación política tradicionales. ¿Pero acaso esta impugnación no valdría también para la policía que nos golpea impune y brutalmente en las manifestaciones y que ejecuta órdenes de desahucio ilegales? Ellos no salen tan mal parados. Ni tampoco la Monarquía o la patronal, con sus escándalos y responsabilidades que les merecen un suspenso, pero no el Muy Deficiente que reciben las primeras. ¿Crisis capitalista o, sobre todo, crisis de la democracia?

A estas alturas, nadie duda de que el Régimen se resquebraja, pero parece que no todos sus pilares están igual de tocados. En caso de derrumbe, el personal echará mano de la rama que le parezca más segura y estable. Por ahí podrían cocerse caldos de cultivo de salva-patrias y salidas de la crisis desde nuevas vueltas de tuerca autoritarias. Puestos a hacer descartes y apuestas, las cartas se están marcando peligrosamente. Sin caer en determinismos distópicos, nos urge leer e interpretar estos mensajes entre líneas a modo de barómetro antisistémico. Esta crisis también es la crisis de la izquierda alternativa, un toque de atención a nuestra incapacidad para ofrecer alternativas colectivas reales, ambiciosas y apasionantes desde abajo. Resultará difícil repensar la forma partido, levantar sindicatos alternativos, imaginar democracias reales o construir cualquier nuevo formato de organización colectiva en un campo arrasado en el que hemos sido derrotados en la batalla de las palabras y de la confianza.

Hace años que aprendimos que no bastaba con sentarse a esperar a que el sistema se hundiese solo en sus contradicciones. Pero tampoco basta con contribuir a su caída sin más. Si no somos capaces de oponer un mundo nuevo a ese vacío creciente, otros lo ocuparán en nuestro lugar. Ni marchas atrás nostálgicas ni derribos nihilistas. Destituyentes y constituyentes a partes iguales. Vivimos inmersos en uno de aquellos claroscuros gramscianos en los que un mundo viejo muere y un mundo nuevo tarda en nacer. O nos movemos rápida, colectiva y astutamente, o surgirán los monstruos. Al lío que aún queda partido.

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[La frikada metodológica]

La estimación de voto es precisamente eso, una estimación: un indicador cocinado tras aplicar un modelo de corrección estadístico a la intención de voto. Este último sí que es un dato bruto que se obtiene de la siguiente pregunta: ‘Suponiendo que mañana se celebrasen Elecciones Generales, ¿a qué partido votaría usted?’. Dado que fuera de periodos electorales esta pregunta nos daría por resultado un aplastante bipartidismo entre el Partido No Sabe (PNS) y el Partido No Votaría (PNV [sic]), son necesarias las predicciones y las estimaciones de voto derivadas. Allá cada cual con su confianza ciega en los indicadores. A mí me enseñaron hace tiempo que si de verdad hay una regla de oro en este mundo, es esta: desconfía de toda estadística que no hayas manipulado personalmente.

Quien quiera hacer la prueba, que contraste la estimación de voto publicada estos días en todos los periódicos con la intención de voto que aparece en la pregunta 19 (página 26) del barómetro del CIS (accesible aquí: http://datos.cis.es/pdf/Es2984rei_A.pdf).

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2 pensamientos en “¡CIS en toda la boca!

  1. Pingback: El barómetro del CIS. Edición gandules | EstaciónSur

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