La deuda como arma de desmovilización masiva

La madre del cordero (te) quiere (con) todo el alma

En los últimos tiempos la temática de la deuda ha cobrado una centralidad e importancia inimaginables hace apenas un par de años. Es fruto de discusiones políticas, coberturas mediáticas y conversaciones en la cola de la frutería o en la barra del bar. Y aunque mayoritariamente todavía se sigue abordando la cuestión desde el corsé hegemónico del 1% y su consenso cerrado que obvia las preguntas fundamentales (¿Quién debe a quién en realidad? ¿De dónde viene la deuda? ¿Quiénes están pagándola? ¿Qué implica su pago?), es cierto que comienza a abrirse una brecha por la que se está colando un relato antagonista y crítico articulado por cada vez más voces disonantes que cuestionan las mentiras que sostienen esta estafa a la que todavía algunos llaman “crisis” a secas.

Intento contribuir aquí a este necesario ejercicio de deconstrucción poniendo el foco en un aspecto que no suele estar presente en los discursos críticos en torno a la deuda: el papel que ésta ha jugado como mecanismo de desactivación de reivindicaciones salariales y sociales durante los años de supuesta bonanza previa al estallido de la burbuja financiero-inmobiliaria, afianzando con ello una dinámica de mayor calado. Explicaré esto brevemente a través de los dos ámbitos de actuación, micro y macro, en el que se da este efecto sustitución regresivo. En plan profano, evitando tecnicismos y economicismos poco incluyentes.

En el plano micro, suele pasarse por alto un efecto escondido que caracterizó a los años del crédito fácil y accesible en los que, con tu nómina de pacotilla, pedías una hipoteca por el 80% del valor del piso y, lejos de mandarte a paseo, el banco veía la apuesta y la doblaba alegremente, ofreciéndote el 100% y un añadido para amueblar el palacete y ocupar la pared del salón con todas las pulgadas que pudiesen caber en un televisor. ¿Para qué desgastarte y pelearte entonces por una mejora salarial si podías acceder al mismo nivel de vida (dejémoslo en “nivel de consumo”) a través de la comodidad de un crédito? ¿Para qué enseñarle los dientes a tu jefe, participar en una huelga o pedir que el descomunal incremento de los beneficios de tu empresa se tradujese en un aumento similar de tu sueldo cuando podías tener todo eso y mucho más simplemente pasándote por la sucursal bancaria de tu barrio?

El crédito (la deuda privada familiar) provocó un “efecto renta” entre amplias capas de la población trabajadora, generando una doble ilusión: ilusionante al principio por la facilidad del líquido disponible, ilusorio a la postre cuando las letras pequeñas y los ingresos cada vez más reducidos empezaron a hacer de las suyas. En cualquier caso, el mecanismo funcionó como efecto sustitución: las familias privilegiaron financiarse vía deuda en lugar de hacerlo vía salarios. Un festín para bancos y empleadores: los primeros alimentaban la ruleta con las comisiones e intereses asociados, mientras que los segundos evitaban tener que mantener estable la porción de un pastel creciente. Para el 99% restante, una trampa.

El escenario que subyacía de fondo (y subyace aún…) no era otro que la plasmación práctica de una idea-fuerza, la realización de un proyecto de mayor calado: el capitalismo popular, la sociedad de los pequeños propietarios. Más allá de sus traducciones sobre la política económica (liberalizaciones, aperturas comerciales, desregularización financiera, monetarismo), hay que comprender el neoliberalismo como la fase hegemónica-cultural del capitalismo. Los “sálvese quien pueda”, la atomización político-existencial o la renuncia a las soluciones colectivas son todos frutos y reflejo de este proceso de berlusconización de los espíritus. Mejor solo con tu banco y tu deuda que mal acompañado con tu comité de empresa o sindicato pidiendo una mejora salarial.

En el plano macro, la lógica se repitió bajo otros formatos (se sigue repitiendo hoy, de hecho, y lo que nos queda…). Ante la abundancia y facilidad de acceso al crédito, las administraciones públicas renunciaron a financiarse vía impuestos para hacerlo vía deuda. La renuncia cambia, pero el sustituto se mantiene. Siendo tan fácil recurrir a los mercados de deuda para financiar las necesidades de gasto, ¿para qué exponerte a las impopulares subidas de impuestos? ¿Cómo no aprovechar la ocasión para promocionarte electoralmente practicando rebajas fiscales a diestro y siniestro? Y de nuevo, de aquellos barros… La deuda volvió a funcionar como ilusorio efecto renta y efectivo mecanismo de sustitución, dejando de apostar por herramientas colectivas y progresivas de redistribución de la riqueza (como son los impuestos, cuando se diseñan y gestionan bien, obviamente), para apostarlo todo a la carta del endeudamiento que, a posteriori, estamos pagando el 99% a través de recortes regresivos.

La misma presión que funcionó a título individual en forma de “no seas tonto, aprovecha la ocasión, vas a ser el único del barrio/familia/tus amigos que desperdicia la oportunidad de comprarse una casa, ¿para qué desgañitarte en el curro por dos duros de aumento?”, encontró su equivalente en el ámbito estatal: “todos los gobiernos vecinos haciendo obras públicas estupendas y regalos fiscales, y tú erre que erre con los impuestos… al final nos costará las próximas elecciones. ¡Con lo fácil que sería pedir un crédito!”. El resultado es, en ambos casos, dejar en segundo plano la reivindicación de mejores salarios e impuestos más progresivos, la lucha sindical y la política fiscal redistributiva, las soluciones colectivas que implican alguna forma de conflicto (por limitado que éste sea), en beneficio de las soluciones unilaterales, individualistas y asépticas. La deuda como arma de desmovilización masiva, como mecanismo de desactivación del lazo común y de la conflictividad social. Por cierto, esto vale para las burbujas de entonces y, sobre todo, para los fangos actuales, en forma de socialización de pérdidas y conversión de deuda privada en pública.

En fin, ya sea en la escala micro o macro, hoy en día es difícil rascar en el decoro y que no aparezca rápidamente la dichosa deuda. Pero debajo de ésta hay mecanismos más profundos, un proyecto de sociedad y de individuo que lleva trabajándose desde hace décadas. Una ofensiva en el plano cultural, existencial, antropológico si se quiere. Démosle una vuelta a cómo hemos llegado hasta aquí. Puede que sólo estemos haciéndonos las preguntas superficiales. Resulta urgente entender y socializar los procesos de fondo que operaron entonces y que siguen en pie actualmente. Ese debe ser nuestro objetivo último, sin abandonar el resto. Es una batalla que se juega en el plano de la hegemonía y que atraviesa, como telón de fondo, el resto de peleas que damos a diario en los distintos tajos en los que intervenimos cada cual, por muy desconectados que a veces nos parezcan.

Nadie lo explicó tan claro como Margaret Thatcher, la madre del cordero de aquellos barros y de estos lodos, cuando reconoció fría y decididamente que “la economía solo es el medio; el objetivo es conquistar las almas”. Tomemos nota porque ahí está la clave.

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9 pensamientos en “La deuda como arma de desmovilización masiva

  1. Bienvenido Maíz! Ya me contarás qué te parece la última entrada y el blog en general. Me ha costao lo suyo lanzarme… pero ahora ya estoy con el ModoLudopata ON 😀 Un besote!

  2. Brillante… La deuda ha sido siempre un mecanismo para la extensión de la esclavitud, y muestras de una manera irrebatible cómo la norma general se aplica en este caso.

  3. Estoy de acuerdo en todo lo que expones, pero me gustaría subrayar algún fleco.

    Con los datos oficiales que disponemos, no es cierto que las familias se endeudaran excesivamente. Y mucho menos el estado.

    Es cierto que el estado, con sus bonificaciones fiscales, y permitiendo el fraude ha dejado de ingresar, y ha tenido que recurrir a la financiación del BCE (Que presta al 1% a los bancos quebrados, para que RE-presten al 5% a los paises)

    Pero lo que ha generado el grueso de la deuda pública actual, ha sido una cosa muy simple: Salvar a los bancos privados.
    No olvidemos que Bankia es el 10% del PIB español.
    Cada uno, que se pague sus deudas…
    Por qué tenemos que pagar las de Bankia?
    Si Bankia es nuestra…. sus casas también

    http://cadavezmasclaro.wordpress.com/2012/10/09/vivimos-por-encima-de-nuestras-posibilidades-falsas-ideas-inculcadas-ii/

  4. Cierto electroduende21: con cifras de finales de 2011 (momento en el cual la supuestamente elevada deuda comenzó a utilizarse como señuelo o excusa que justificaba los recortes, empezando por la reforma constitucional) la parte pública de la deuda (de las distintas administraciones) apenas representaba el 16% del total y la privada en manos de las familias el 21%. El 73% restante era responsabilidad de la banca, inmobiliarias y otras grandes empresas privadas, verdaderas beneficiarias de los años de burbuja, especulación y casino. (Esas son las cifras que yo manejo; en tu artículo hay otras, más actualizadas, aunque vienen a dibujar un cuadro muy parecido).

    Sin embargo, lo que me interesaba señalar en el artículo no era tanto estos datos cuantitativos, sino los efectos cualitativos que generó la dinámica general de endeudamiento: sus implicaciones sobre la acción colectiva, la resolución de problemas comunes, la gestión de las políticas públicas. Evidentemente, es un simple esbozo, unas notas con algunas ideas-fuerza.

    Estoy en gran parte de acuerdo contigo en las causas del actual aumento de la deuda pública (pero no olvidemos la caída voluntaria de los ingresos, la otra parte de la ecuación) y completamente de acuerdo con las reivindicaciones derivadas.

    Gracias por el comentario y por tu esclarecedor artículo!

  5. Muchas gracias a ti,
    creo que es muy importante aprender todos juntos. Yo es que últimamente ando preocupado con el tema de la socialización de culpas. Creo que los bancos se aprovechan de esta sensación de “pecado” general para mantener sus pufos, y sus operaciones sin regular….. y cuando le sale mal, que la población pague sus errores.
    No hemos “rescatado” bancos. Los hemos comprado. (es lo que pasa en el libre mercado cuando alguien inyecta pasta en una empresa quebrada).
    En fin, te animo a que eches un vistazo a la página de la PACD, de la que formo parte.
    http://auditoriaciudadana.net/
    Y si tienes tiempo, no te pierdas la presentación que nos dieron gente de auditoria de Brasil y Ecuador:
    Está dividida en tres vídeos.
    http://patasarribavlc.blogspot.com.es/2012/10/experiencies-dauditoria-del-deute.html

    • Conozco, conozco… ¡Resulta que compartimos espacio de militancia! Yo estoy en el nodo madrileño. Casualidades oye 🙂
      Y el encuentro con las compas de Brasil y Ecuador me lo perdí en directo, así que aún lo tengo pendiente en vídeo.
      abrazos

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