¿¡Un blog a estas alturas!?

Corría diciembre de 2007 cuando creé este blog. Hoy, casi cinco años después, al fin me animo a llenarlo con palabras. Hasta hace poco podría tener cabida el debate sobre si cinco años son mucho o poco. En estos días de reinado de la inmediatez, de la efímera Modernidad tardía, de sucesión vertiginosa de los hechos, cinco años resultan insoportablemente eternos. El lustro hace tiempo que desapareció de la primera fila de las unidades de medida de nuestro tiempo.

Las primeras reacciones no se han hecho esperar

Entre medias han pasado muchas cosas. Imposible enumerarlas, ni siquiera restringiendo la muestra a aquellas que me interesan o afectan directamente. Sin embargo, hay una que me preocupa en particular y que está detrás de este arranque bloguero tardío: la pérdida de relato colectivo, de capacidad de análisis detenido, de creación sostenida. Las redes sociales son a la vez causa y efecto de un consumo voraz de información tan instantánea como volátil. Los mensajes en Twitter se suceden a velocidad de vértigo, como micro-cápsulas de usar y tirar. Un vídeo es desechado si dura más de 3 minutos. En Facebook y similares más de un párrafo es un abuso condenado al olvido, a cambiar de canal antes de tiempo.

Se prima lo inmediato, lo intensivo y lo descriptivo frente a la construcción paciente, colectiva, extensiva, analítica. Más no significa necesariamente mejor si el aluvión se limita a la sucesión de frases inconexas. Muchos monólogos no tienen por qué sumar un diálogo. Flaco favor a la construcción y profundización de historias colectivas y reflexivas que busquen trascender la superficialidad del instante y la instantaneidad de la superficie. Especialmente en momentos como los actuales, en los que estamos tan necesitados de análisis para la acción, de pensar conjuntamente en qué consiste y qué implica el cambio de ciclo, de paradigma en el que estamos inmersos. Sin pajas mentales ni derivas posmodernas: pensamiento profano, con los pies en la tierra y el barro hasta las rodillas.

De hecho, creo que si seguimos hoy inmersos en una dinámica reactiva y espasmódica, que a muchos nos genera un sentimiento de continuo agotamiento, de ansiedad, en el que suplimos la falta de horizontes y estrategias con infinidad de convocatorias y pequeñas acciones en muchos casos estériles, es en gran medida porque andamos faltos de espacios para la reflexión, para pensar y pensarnos, para construir relatos comunes.

No sé hasta qué punto esta sensación y esta carencia son compartidas o sufridas en solitario. En cualquier caso, lo que pueda surgir de este blog de ahora en adelante intentará revolcarse en ese fango. Las reacciones que llegue a generar, aunque sean invisibles y silenciosas, marcarán la distancian entre el mero ejercicio verborreico nihilista y estéril de autoconsumo y la contribución modesta a la caja de herramientas común para interpretar e incidir sobre la realidad que nos rodea (sí, estoy diciendo lo que estáis entendiendo: ¡un blog se alimenta de comentarios!). Que nadie espere respuestas: esto va de provocar interrogantes, de sembrar inquietud, de generar debate; y, por supuesto, de disfrutar haciéndolo. Todas ellas formas verbales que sólo lo son si se conjugan en plural.

Que quede como principio, como arranque tras cinco años intentando superar vergüenzas congénitas, autoestimas en horas bajas, desamores intelectuales propios. O como consuelo para quienes me habéis insistido durante tanto tiempo en que use el papel para atar palabras e ideas itinerantes. Al fin un primer paso. Bienvenido sea. Bienvenidxs seáis. ¡Ahora sólo espero no tardar otros cinco años en volver a aparecer por aquí!

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Un pensamiento en “¿¡Un blog a estas alturas!?

  1. Así que, por si teníamos poco con tu adicción a twitter, ahora también por blog, eh? (mamma dia, lo siguiente es el facebook…). Postea, postea, que a los que estamos lejos nos gusta leerte. Aunque prefiramos escucharte, poder interrumpirte, darte la razón o discutirte y tomar unas cañas a la vez, se hará lo que se pueda con el blog de por medio. Abrazos tiraneses

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